Existe una creencia silenciosa que muchas veces nos acompaña: pensar que somos los únicos que tenemos miedo.
Miramos a otras personas y asumimos que ellas saben exactamente lo que hacen. Pensamos que quienes escriben, quienes emprenden, quienes dirigen un proyecto, quienes son padres, madres o profesionales, avanzan con seguridad y sin dudas. Como si el miedo fuese algo que solo nos pertenece a nosotros.
Pero no es así.
El miedo forma parte de la experiencia humana. Nos acompaña más de lo que imaginamos. Está presente antes de tomar una decisión importante, cuando comenzamos algo nuevo, cuando debemos cerrar una etapa o cuando nos enfrentamos a lo desconocido.
Todos sentimos miedo.
La diferencia no está en quién lo siente y quién no. La diferencia está en lo que hacemos con él.
A veces esperamos a que el miedo desaparezca para actuar. Sin embargo, en muchas ocasiones ese momento nunca llega. Esperamos sentirnos completamente preparados, completamente seguros, completamente convencidos. Y mientras esperamos, la vida sigue avanzando.
Poco a poco dejamos de dar pasos.
Dejamos proyectos sin comenzar.
Dejamos conversaciones sin tener.
Dejamos sueños guardados en un cajón.
Y sin darnos cuenta, el miedo empieza a ocupar más espacio del que merece.
Yo también he sentido miedo. Hay días en los que me despierto con ansiedad, con inquietud o con esa sensación difícil de explicar que aparece cuando no sabemos exactamente qué nos preocupa. Muchas veces no tenemos miedo a algo concreto. Tenemos miedo a lo que podría pasar.
Imaginamos escenarios, posibles problemas, dificultades futuras. Nuestra mente construye cien historias diferentes sobre lo que podría salir mal.
Sin embargo, la mayoría de esas historias nunca llegan a suceder.
Y mientras tanto, dejamos de vivir el presente por algo que solo existe en nuestra imaginación.
Con el tiempo he comprendido que el miedo no siempre es una señal para detenernos. Muchas veces es simplemente la señal de que estamos saliendo de un lugar conocido.
Las dificultades existen. Las piedras en el camino también. Pero las dificultades no son el final del camino. Son parte de él.
Cada persona posee más recursos de los que cree tener. A veces solo necesitamos tiempo, estrategia, apoyo o una nueva perspectiva para descubrirlo.
La vida es cambiante. Todo pasa. Los momentos de calma y los momentos difíciles. Las certezas y las dudas. La confianza y el miedo.
Quizá la valentía no consiste en no sentir miedo.
Quizá la verdadera valentía consiste en seguir avanzando a pesar de él.
Porque el miedo puede acompañarnos.
Lo que no debería hacer es dirigir nuestra vida.
“La valentía no es la ausencia de miedo. Es decidir avanzar a pesar de él.” 🌿